Sucede que una persona ha estado soportando
pacientemente algún problema, pero llega un momento en que una muy
pequeña molestia adicional hace que se le agote su paciencia, y no
soportando más, entonces estalla de enojo.
Ejemplo: Francisco nunca se molestaba cuando le hacían
bromas sobre su defecto físico en su nariz. Hasta que un día alguien
dijo que eso era un castigo heredado de sus padres. Aquello fue la gota
que rebalsó el vaso y Francisco no volvió a permitir que hablaran
más de su nariz.